Ojalá no te acostumbres nunca

Día mundial de los océanos

Hoy 8 de junio es el Día Mundial de los Océanos según la ONU.

Si quieres saber por qué se celebra, puedes consultar la página del Ocean’s Day, que explica muy claramente por qué es importante y todo lo que nos aportan los océanos.

Pero desde 29 km quiero proponerte algo distinto: para un momento, siéntate y piensa.

Día del océano: siéntate y piensa

Piensa en qué significa para ti el mar. Su azul. Su vaivén. Su viento y su brisa. Todas las cosas que te ha hecho sentir. Y todos los recuerdos que has atesorado a su lado.

El primer baño, en primavera. Aún hace un poco de fresco, pero quieres estrenarlo. En la playa hay algunos valientes tomando el sol. Nadie se baña. Tú desafías los 18ºC termómetro. Sabes que no será esta semana la que salga en los informativos anunciando una ola de calor en pleno abril. Pero no te importa. Dejas tu ropa junto a la toalla. Miras tu piel, pálida y gallinosa. Caminas hacia la orilla. La espuma toca los dedos encogidos de tus pies y oyes cómo se disuelve entre los granitos de arena. Estás a un paso de fundirte con el agua. Cuando por fin estás dentro y has sido capaz de sumergir la cabeza sientes una inmensa felicidad.

Parecía que este momento nunca llegaría.

El primer baño del año - Los ultramarinos

Los primeros días de julio, el sol y el calor. El ruido, el chiringuito, los veraneantes, el paseo marítimo, el sol calentando y la sal en tu piel. El primer baño del día. Ahora sí: calor. Las olas que te mecen en la orilla. La espuma blanca que desaparece de tus manos. Cerrar los ojos y sentir el calor en la cara. Sonríes.

Sentirlo cuando paseas junto a él de noche y sabes que está ahí pero no puedes verlo. Y las barcas del puerto se mecen suavemente esperando que algún marinero las saque a navegar cuando amanezca. Con sus blancos, sus verdes y sus azules. Y sus matrículas pintadas en negro y sus nombres de mujer, aunque dé mala suerte.

El último baño del verano. Decirle adiós.

EspigónEscaparte ese fin de semana de octubre, aunque dé viento y lluvia. Bajar la escalera que une el acantilado con la cala que visitas cada verano. En otoño está desierta y piensas que eres un marinero en tierra. Te acercas a la orilla una vez más y cierras los ojos y lo escuchas sólo a él. Su rugido. Su furia. Y sonríes con la felicidad tranquila de quien siente que no necesita nada más.

La playa en otoño - Los Ultramarinos

Observarlo desde detrás del cristal de esa cafetería en la que desayunas un domingo de enero. Y fuera llueve y el agua se mueve violenta. Parece que quiere entrar. Golpea el espigón. Fuerte. Después se calma. Algunas gotas han alcanzado la cristalera que te protege. Pero ahora regresa con más fuerza. Y por un momento sientes toda esa potencia. Y te asustas porque esa cafetería y su cristal ya no parecen tan seguros. Pero su movimiento es hipnótico y no te puedes mover de ahí. Tampoco quieres hacerlo.

El rugido del mar¿Alguna vez te acostumbrarás a su magnitud? ¿A sus colores? ¿A su baile? ¿A su profundidad? ¿A su furia? ¿A su frío y a su calor?

Ojalá que no. Ojalá nunca des por hecho que siempre va a estar ahí tal y como lo conoces. Ojalá lo valores como merece. Y lo cuides. Y tú también hagas lo posible por que continúe siendo lo que es hoy.

Ese gran azul que está vivo y que nos asusta y maravilla a la vez.

Ojalá nunca te acostumbres al mar - Los ultramarinos¿Te gustaría compartir tus recuerdos marinos aquí? Estaré encantada de leerlos.

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