Historia de un desencuentro: Chesil Beach

Confieso que en cuestión de gustos literarios soy exigente: me gustan las historias que me hacen sentir cosas. Ya sea tristeza, alegría, ansiedad, miedo o risas incontrolables. De verdad que lo que más me gusta es llorar cuando leo un libro, o reírme a carcajadas.

Hoy te presento este libro triste, pero bonito de Ian McEwan: Chesil Beach. Y sí, éste me hizo llorar y pensar. Por eso te lo recomiendo.

Chesil BeachMcEwan juega con las vidas de sus personajes como si fuesen marionetas de trapo. Y suele elegir escenarios muy concretos y muchas veces esos lugares son determinantes en sus historias. Ocurre en Expiación, donde una mentira que pretende ser inocente destroza las vidas de sus protagonistas. Después llega la guerra y la infamia y la muerte de algunos y el olvido de casi todos.

Chesil Beach es una novela más ligera y más corta, pero no menos triste. Porque en un momento todo puede cambiar de repente y lo que pensábamos que sería para siempre se acaba y ya no será nunca. Y eso es lo que ocurre en esta novela.

Chesil Beach

La playa de Chesil, al sur de Inglaterra, acoge a dos jóvenes recién casados. Las olas al fondo, la oscuridad del crepúsculo y la frialdad de los guijarros en el suelo son testigos de sus palabras, sus reproches, sus miedos y ya nada será igual.

McEwan es un autor con una innata capacidad de emocionar porque elimina las posibilidades que debieron ser. Así, de un plumazo, como si no hubieran estado nunca. Y demuestra cómo todo podía haber sido distinto y tal vez mejor si sólo uno de los miles de detalles hubiera cambiado.DSC_0601edited

Chesil Beach es la inocencia, la ansiedad, el miedo y la confusión de la juventud a principios de los 60. Y todo lo que viene después.

La creación de este blog llegó por esta novela. Cuando la leía, y casi podía oír las olas de fondo entre la conversación de sus dos protagonistas, leí la frase que me inspiró a hacer algo bonito, algo del mar:

Aun así, a Edward le turbaba la llamada de la playa, y si hubiera sabido cómo proponerlo o justificarlo quizá hubiese sugerido que bajaran de inmediato. Le había leído a Florence en voz alta un pasaje de una guía que explicaba que miles de años de recias tormentas habían cribado y limado el tamaño de los guijarros a lo largo de los veintinueve kilómetros de playa, cuyas piedras más grandes estaban en el extremo oriental. La leyenda decía que los pescadores locales que desembarcaban de noche sabían con exactitud dónde estaban por el tamaño de los guijarros. Florence había propuesto que lo vieran ellos mismos comparando puñados recogidos en puntos separados por un kilómetro. Recorrer la playa habría sido mejor que quedarse allí sentados.

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